jueves, 11 de junio de 2009


La entrada en Varsovia la hago en tren, mucho tráfico, calles de nombres impronunciables, es difícil preguntar y orientarse.

Es tradición que todos los enamorados de Klaipeda (Lituania) graben sus nombres en un candado y luego lo cierren en uno de los barrotes de la varandilla de este puente, para terminar tirando las llaves al río. Hay candados antiguos, oxidados, desechos. A algunos les han añadido un candadito pequeño, otros son de ayer.


La península de Curtlandia es una duna de 100 Kms de largo, un brazo de arena compartido entre Rusia y Lituania. Un lugar para aves y focas, para largos paseos, para llenarte de viento.



¿Quien mira a quien?
Flores amarillas, coches de bomberos..... color sobre la hierba. En esta casa es fácil ser feliz, es un viejo barco de madera varado entre praderas, establos de caballos, arboles de acogedores columpios. Sillas de montar con lanzas en el salón, piano desafinado por el tiempo, una escalera que crepita, una casa que habla con recuerdos antiguos y una luz de miradores y buhardillas. Cada rincón está vivido. The green house.

1 comentario:

Maria dijo...

Ya te quedará poco para terminar tu viaje...asi que disfrutalo!!!
Las fotos son muy chulas!vete pensando en la próxima presentación!nos vemos en siete!un besote